Papel de la nutrición en la prevención del
cáncer gastrointestinal
Revista chilena de nutrición, Vol. 33, Nº1, Abril 2006
Camila Pierart Z. (1), Jaime Rozowsky N. (2)
(1) Alumna Programa de Magíster en Nutrición
Clínica, Departamento de Nutrición, Diabetes
y Metabolismo. Pontificia Universidad Católica de
Chile.
(2) Programa de Magíster en Nutrición Clínica,
Departamento de Nutrición, Diabetes y Metabolismo.
Pontificia Universidad Católica de Chile
RESUMEN
Las neoplasias malignas son una de las principales causas
de morbimortalidad en la población adulta y destacan
por su elevada frecuencia aquellas del tracto gastrointestinal.
Datos epidemiológicos han revelado que el riesgo
de desarrollar un tumor maligno presenta una gran variación
entre poblaciones lo que estaría determinado en gran
medida por factores ambientales y sería independiente
de los factores genéticos poblacionales. Diversos
estudios han demostrado la importancia de la nutrición
en el desarrollo de cáncer, estimándose que
hasta un 40% de los tumores podría ser prevenido
a través de la mantención de una dieta adecuada
y otros estilos de vida saludables. Los tumores malignos
del tracto gastrointestinal, serían los más
susceptibles de ser evitados a través de intervenciones
nutricionales específicas. En la presente revisión
se analiza el rol de los principales nutrientes en el desarrollo
y prevención del cáncer digestivo.
Palabras claves: cáncer gastrointestinal, nutrición,
prevención.
INTRODUCCIÓN
En la actualidad, los tumores del tracto digestivo se han
transformado en la principal causa de morbimortalidad por
cáncer en todo el mundo. Es así como, de los
10 millones de cánceres diagnosticados el año
2000, aproximadamente 2.3 millones fueron cánceres
de la orofaringe, esófago, estómago y colorrectales
(1).
Según información del año 2000, los
tumores malignos constituyen la segunda causa de muerte
en nuestro país, con un 24,2% del total de muertes
(2). En Chile se ha observado una disminución de
la mortalidad general en las últimas dos décadas,
con una caída de aproximadamente un 1% anual, a expensas
de enfermedades cardiovasculares, traumatismos y enfermedades
infecciosas; mientras que existe un aumento de las enfermedades
respiratorias, endocrino-metabólicas y los tumores
malignos, siendo estos últimos los de mayor aumento.
Esto refleja el poco éxito que han tenido los esfuerzos
para lograr el control del cáncer en nuestro país
(3).
A partir de estos datos es posible concluir la importancia
del cáncer como causa de enfermedad y muerte, destacando
la alta frecuencia de los cánceres de origen gastrointestinal
en la población chilena, lo que obliga a aumentar
los conocimientos en relación a las posibles etiologías
y eventuales formas de prevención. A continuación
se discute la relación de la nutrición tanto
en el origen como en la prevención del cáncer.
ROL DE LA NUTRICIÓN EN EL ORIGEN Y PREVENCIÓN
DEL CÁNCER
En la década de los ochenta, Doll y Peto estimaron
que el 35% de las muertes por cáncer en los Estados
Unidos podrían ser atribuidas al tipo de alimentación
(4); en este estudio la dieta contribuía en mayor
proporción a la muerte por cáncer que el uso
del tabaco. En 1997, el American Institute for Cancer Research
y la World Cancer Research Fund concluyeron que entre 30
- 40% de los cánceres pueden ser prevenidos a través
de una alimentación y actividad física adecuada
y la mantención de un peso corporal apropiado (5).
Las distintas propiedades de los diferentes constituyentes
de la dieta apoyan la hipótesis de la relación
que existe entre la nutrición y la prevención
del cáncer. Entre estas podemos nombrar: la actividad
antioxidante, la prevención del daño del DNA,
la reparación ADN, la supresión de la expresión
de oncogenes, la estimulación de factores de crecimiento,
la regulación sistema inmune y regulación
de niveles de algunas hormonas (6).
Existen en la literatura numerosos estudios que relacionan
los factores nutricionales con el desarrollo y la prevención
del cáncer. Los resultados son contradictorios, atribuyéndose
esta variación en los resultados a que se han realizado
con alimentos o nutrientes específicos, siendo difícil
identificar los efectos que se producen al consumir los
alimentos juntos (7), lo que dificulta el obtener conclusiones
sobre el papel de la dieta habitual en la etiología,
progresión y prevención del cáncer.
Tal como concluye Key et al (8): "Los alimentos son
una combinación de cientos de productos químicos,
por lo que la individualización puede ser difícil
o imposible".
A continuación se analizan los aspectos de la dieta
en relación a los cánceres de este nivel que
cuentan con mayor evidencia en la actualidad.
ÁCIDOS GRASOS
La ingesta de grasa se ha relacionado estadísticamente
con la mortalidad por cáncer gastrointestinal, específicamente
por cáncer colorectal. Distintos estudios se han
focalizado en la relación entre el riesgo de cáncer
y el total de grasa y ácidos grasos saturados de
la dieta, pero recientemente ha aumentado la atención
en el consumo de ácidos grasos insaturados, especialmente
los derivados del aceite de pescado (9).
Los lípidos afectan directamente algunas funciones
celulares, entre ellas la fluidez de la membrana celular,
el metabolismo de las prostaglandinas, la síntesis
de radicales peróxido. También pueden producir
cambios en los receptores hormonales, alteraciones de los
mecanismos de crecimiento celular y modificación
de sustancias químicas intracelulares. Además,
un aporte elevado de ácidos grasos puede provocar
cambios en la composición de la bilis lo que puede
provocar daño directo de la mucosa intestinal y promover
la conversión de algunos componentes de la dieta
a sustancias carcinogénicas (10).
Estudios realizados por Tanneanbaum a mediados del siglo
XX, demostraron que las dietas ricas en grasas promueven
el crecimiento de las células tumorales. Estudios
posteriores han corroborado estos hallazgos, demostrando
que el efecto es independiente del consumo total de energía
(11); esta relación se ha visto principalmente en
el caso del cáncer de colon.
Los primeros estudios que relacionaron el consumo de ácidos
grasos con el desarrollo de cáncer se enfocaron en
la relación existente con el consumo de grasa total
y el consumo de ácidos grasos saturados. Actualmente
la atención se enfoca en el papel que juegan los
ácidos grasos poliinsaturados, principalmente n-3
y n-6. Se ha demostrado que los ácidos grasos poliinsaturados
n-3 juegan un rol en la supresión de la mitosis de
las células de las criptas de la mucosa del colon,
además de tener un efecto en la estimulación
de los procesos de apoptosis, a través de la incorporación
en la membrana fosfolipídica de estos ácidos
grasos y la posterior modulación de los procesos
de oxido reducción a favor de los procesos pro oxidantes
(12), transformándose de esta manera en un factor
protector para el desarrollo de cáncer, especialmente
a nivel del colon. Por otro lado, se ha planteado que los
niveles elevados de ácidos grasos poliinsaturados
n-6 podrían asociarse al desarrollo de cáncer,
por activación de la cascada del ácido araquidónico
y la formación de factores proinflamatorios. Los
resultados de los estudios experimentales y poblacionales
son contradictorios, no observándose un aumento significativo
en el desarrollo de tumores con dietas ricas en n-6. Se
ha atribuido la relación planteada principalmente
a la disminución de los efectos benéficos
de los otros lípidos de la dieta (13,14).
CARBOHIDRATOS
Se ha planteado que una alteración severa en el metabolismo
de la glucosa, y el consumo elevado de alimentos que producen
hiperinsulinismo, como los azúcares refinados, son
un factor de riesgo para el desarrollo de cánceres
de distintas localizaciones. En este contexto, estudios
de casos y controles y poblacionales han planteado que existe
relación entre el índice glicémico
de los alimentos y el desarrollo de algunos cánceres,
especialmente gástrico, colónico y del recto
(15,16). Los carbohidratos con un alto índice glicémico
se asocian con una glicemia e insulinemia posprandial elevadas,
y una elevación de la insulinemia en ayunas, lo que
se ha relacionado con un aumento del riesgo de cáncer,
a través del aumento de la actividad de IGF-1 (insulin
like growth factor-1) (17). El IGF-1 inhibe el proceso de
apoptosis, aumenta la producción de factores de crecimiento
endotelial y se asocia a un aumento en la mitogénesis
en células de cáncer gástrico.
Otros estudios han mostrado una asociación entre
los niveles elevados de hemoglobina glicosilada en pacientes
diabéticos y el aumento en el riesgo de cáncer
colorectal (18).
FIBRA DIETÉTICA
Desde hace varios años se ha asociado el consumo
de fibra con la disminución de la incidencia de cáncer,
principalmente colorectal. Estudios prospectivos publicados
en las últimas 2 décadas no han observado
esta asociación (19,20). Sin embargo, un estudio
reciente que involucró 10 países europeos
demostró una reducción del 25% en el riesgo
de desarrollar cáncer colorectal asociado a un alto
consumo de fibra (21).
La carcinogénesis es un proceso caracterizado por
la expansión del área de proliferación,
la alteración del patrón de diferenciación
y la disminución de la apoptosis. En cultivos celulares
derivados de cáncer de colon se ha observado que
el butirato (ácido graso de cadena corta derivado
de la fermentación de la fibra en el colon), a concentración
fisiológica, inhibe la proliferación celular
bloqueando la célula en fase G1 del ciclo celular,
induce diferenciación y apoptosis, y modula la expresión
de múltiples genes, incluidos algunos de los oncogenes
y genes supresores implicados en la carcinogénesis
colorectal (22).
PROTEÍNAS (CARNES ROJAS)
La mayoría de los estudios epidemiológicos
no han mostrado asociación entre una dieta rica en
proteínas y el riesgo de cáncer. Se ha relacionado
el alto consumo de carnes rojas y carnes procesadas con
el desarrollo de cáncer, principalmente de colon
y recto (23). Un meta análisis reciente concluyó
que el consumo diario de 100 gramos de carne (de cualquier
tipo) incrementa el riesgo de cáncer colorectal entre
un 12 y un 17%; mientras que el consumo diario de 25 gramos
de carnes procesada aumenta el riesgo en un 49% (24). La
hipótesis que se maneja en la asociación del
consumo de carnes rojas y el riesgo de cáncer, se
relaciona con la presencia de aminas heterocíclicas
mutagénicas e hidrocarbonos aromáticos policíclicos,
que se forman durante la cocción a altas temperaturas
de este tipo de alimentos. Estos componentes, especialmente
el mutágeno N nitroso, podría actuar como
agente cancerígeno a nivel de la mucosa colorectal
(25).
Es importante tener en cuenta que, en general, una dieta
rica en carnes rojas tiende a ser baja en frutas y vegetales
y a asociarse a otros estilos de vida no saludables, lo
que contribuye a la explicación de las asociaciones
observadas en los distintos estudios.
FRUTAS Y VEGETALES
Existe una gran cantidad de evidencias que relacionan un
alto consumo de frutas y verduras con una reducción
de distintos orígenes del cáncer, especialmente
cánceres epiteliales del tubo digestivo. El consumo
de frutas y verduras otorgaría protección
contra el cáncer a través del aporte de componentes
anticarcinogénicos, tales como antioxidantes (principalmente
carotenoides, vitamina C y E), ácido fólico,
flavonoides e inhibidores de las proteasas. Estos agentes
actuarían de forma complementaria induciendo la detoxificación
enzimática, inhibiendo la formación de nitrosaminas,
siendo sustratos para la formación de agentes antineoplásicos,
diluyendo y uniendo agentes cancerígenos en el tracto
gastrointestinal, alterando el metabolismo hormonal, actuando
como agentes antioxidantes, entre otros (26,27). Por otro
lado, estos alimentos aportan fibra, que al fermentarse
reduce el tiempo de tránsito intestinal, diminuyen
el pH intraluminal y producen ácido grasos de cadena
corta que actúan como potenciales anticarcinogénicos.
Por otro lado, algunos productos como la papa y algunos
jugos de fruta pueden actuar aumentando el riesgo de cáncer,
principalmente por su alto índice glicémico
y concomitante aumento de la secreción de insulina.
Los productos derivados de la papa contienen altos niveles
de acrilamida, sustancia que se forma durante la cocción
a altas temperaturas, que se ha asociado al aumento del
desarrollo de cáncer y a la producción de
mutaciones heredables en animales (25).
Aunque existe el concepto mayoritariamente aceptado, que
el alto consumo de frutas y verduras previenen el cáncer
colorectal, la aparición de recientes publicaciones
tienden a coincidir en la relación pobre o nula entre
el consumo de frutas y vegetales y la prevención
del cáncer, especialmente de colon y recto (28,29).
La razón de esta controversia reside probablemente
en que dietas ricas en frutas y verduras se asocian con
la presencia de estilos de vida mas saludables, con dietas
mas balanceadas, menor consumo de carnes rojas, menor presencia
de tabaquismo y mayor actividad física, lo que dificulta
el análisis sobre el efecto beneficioso del consumo
de frutas y verduras por si solo.
Esta discrepancia en las conclusiones puede deberse al tipo
de estudio realizado. La mayor parte de las evidencias que
asocian positivamente el consumo de frutas y verduras y
el desarrollo de cáncer se basa en estudios observacionales
y retrospectivos; mientras que la asociación mas
débil es posible encontrarla en estudios prospectivos,
posiblemente debido a la imprecisión y la variación
en la mediciones dietarias entre las cohortes (30). En conclusión,
mientras que estudios epidemiológicos apoyan el efecto
beneficioso del consumo de frutas y verduras sobre el desarrollo
del cáncer, no es posible corroborar estos datos
con hallazgos de estudios prospectivos, en los cuales las
conclusiones apuntan a la inexistencia de esta relación,
especialmente con el cáncer de colon y recto. Sin
embargo, la dieta rica en frutas y verduras confiere protección
contra otras enfermedades como las cardiovasculares y, probablemente,
contra otros tipos de cáncer
SUPLEMENTOS NUTRICIONALES
En base al conocimiento actual que relaciona el desarrollo
de cáncer con la presencia de estrés oxidativo
en el organismo, se ha planteado que el uso diario y habitual
de suplementos de compuestos antioxidantes jugarían
un papel importante en la prevención principalmente
del cáncer de colon, sin que exista evidencia que
apoye esta hipótesis (31).
Un metaanálisis reciente que involucró 14
estudios publicados hasta el año 2003, comparó
el uso de suplementos antioxidantes (vitamina A, C, E y
selenio, solos o combinados) con placebo en la prevención
del cáncer gastrointestinal, utilizando como outcome
la evaluación de la incidencia de cáncer gastrointestinal,
la mortalidad general y los efectos adversos. El estudio
concluyó que no existe evidencia suficiente para
recomendar el uso de suplementos antioxidantes en la prevención
del cáncer gastrointestinal, incluso observó
un aumento en la mortalidad general. En 4 de los estudios
analizados se observó un potencial efecto beneficioso
del uso de selenio, planteándose la necesidad de
una evaluación prospectiva y randomizada (32).
RECOMENDACIONES PARA LA PREVENCIÓN DEL CÁNCER
En 1997 la AICR/WCRF propuso una serie de recomendaciones
dirigidas a la prevención del desarrollo de cáncer
(33).
1. Mantener un peso adecuado, evitando el aumento mayor
de 5 kilos durante la vida adulta. Esta recomendación
se hace en base a la evidencia existente en relación
a la presencia de obesidad y el desarrollo de cánceres
de distintos orígenes.
2. Mantener actividad física de por lo menos 30 minutos
diarios. El sedentarismo se ha asociado a un aumento del
riesgo de cáncer de colon y recto. Al mismo tiempo,
actuaría de forma indirecta favoreciendo la presencia
de obesidad con su asociación al desarrollo de ciertos
tipos de cánceres.
3. Tener una dieta balanceada, rica en frutas, verduras,
legumbres y cereales no refinados. Consumir 5 o más
porciones de frutas y vegetales diariamente.
4. Consumir granos poco procesados y alimentos ricos en
fibra, limitando el consumo de azúcares refinados.
5. No consumir alcohol, o hacerlo en forma moderada. Se
recomienda un consumo no mayor de una copa diaria en mujeres,
mientras que en el hombre se puede permitir hasta dos. Se
ha relacionado el consumo de alcohol con el desarrollo de
cáncer de boca, esófago, colon e hígado.
6. El consumo de carnes rojas no debe ser mayor de 80 gramos/día,
pudiendo ser sustituida por carne de pollo o pescado.
7. Limitar el consumo diario total de grasas, lo que incluye
los alimentos ricos en grasas y las preparaciones que involucren
el uso de aceites. Se recomienda preferir el consumo de
aceites de origen vegetal y evitar la reutilización
de los aceites.
8. Evitar el consumo de alimentos salados, limitando el
consumo diario de sal a no mas de 3 gramos por cada 1000
Kcal consumidas. Esta recomendación es especialmente
importante en los niños, ya que existen datos sobre
el consumo temprano de sal y el desarrollo posterior de
cánceres, especialmente del tracto digestivo alto.
Se recomienda preferir el aliño de alimentos con
hierbas y especias. No existe evidencia clara sobre el consumo
de alimentos picantes y el desarrollo de cáncer gástrico.
9. Usar métodos de conservación adecuados.
La refrigeración puede actuar como factor protector,
ya que impide la proliferación de microorganismos
con efecto cancerígeno conocido.
10. No consumir alimentos quemados, especialmente carne
y pescado. Evitar cocinar a fuego directo, y freír
o hervir en exceso. Evitar el consumo de alimentos ahumados,
lo que se ha asociado a un aumento en el riesgo de desarrollar
cáncer gástrico.
CONCLUSIONES
Existe una gran cantidad de literatura científica
en relación a la función de los alimentos
y la nutrición y la prevención del cáncer.
La gran mayoría de los estudios sacan conclusiones
en base a diseños clínicos, donde prima la
asociación, por lo que poco se conoce en relación
a los mecanismos que podrían explicar estas asociaciones.
Esto abre un gran campo de estudio que permita avanzar en
el conocimiento sobre la prevención del cáncer
a través de la nutrición.
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