Una investigación sobre
los hábitos alimentarios de los niños
Los chicos que comen mucho y mal.
Según una encuesta, los preadolescentes de clases
media alta y alta comen alimentos pobres en nutrientes y
con demasiadas calorías.

La mayoría de los chicos de 9 a 13 años,
de clases media alta y alta, comen alimentos pobres
en nutrientes aunque de elevado aporte calórico,
según una investigación que se dio a conocer
ayer. El consumo de golosinas, galletitas dulces, bebidas
azucaradas, facturas y snacks les provee hasta el 20 por
ciento de las calorías diarias, proporción
que en una dieta sana no debería superar el 8 por
ciento. Más de la mitad come más de lo necesario
y, además, casi uno de cada diez chicos de estos
niveles sociales no desayuna. Estos defectos se potencian
por el hecho de que pasan cuatro horas ante la pantalla
de la TV o de la computadora, mientras que sólo hacen
una o ninguna hora diaria de ejercicio físico. Si
así están los ricos, cómo estarán
los pobres: en efecto, en los niveles socioeconómicos
más bajos hay todavía más tendencia
a la obesidad; hoy en la Argentina, el problema principal
no es la desnutrición, sino la mala calidad de la
dieta, señaló el titular del Cesni.
La investigación se denomina Hábitos
alimentarios y actividad física en adolescentes de
Buenos Aires y Rosario, de nivel socioeconómico medio-alto
y alto, y se presentará hoy en el Congreso
Internacional de Cardiología, que se realiza en esa
ciudad santafesina. Fue efectuada por el Centro de Estudios
sobre Nutrición Infantil (Cesni), dirigida por Alejandro
ODonnell y Sergio Britos y auspiciada por una firma
fabricante de hamburguesas. El estudio abarcó 553
preadolescentes de 9 a 13 años (53 por ciento mujeres
y 47 por ciento varones), en siete escuelas en la ciudad
de Buenos Aires y en Rosario.
Un 53 por ciento de los encuestados ingiere más
kilocalorías que las recomendadas, puntualizan
los investigadores, y destacan que en el segmento
de mayor ingesta de energía, la proporción
provista por bebidas azucaradas (principalmente gaseosas
y jugos), galletitas dulces, alfajores y productos de repostería
aumenta proporcionalmente más. Es decir, aclaró
Britos, que los que más calorías ingieren,
la obtienen básicamente de esos alimentos llamados
obesogénicos, que deberían ser de
consumo ocasional a diferencia de los alimentos esenciales
o de consumo regular: lácteos, vegetales, frutas
y carnes. Los principales déficit registrados en
las dietas de estos chicos fueron de calcio y vitamina C.
En la investigación hay zonas particularmente preocupantes.
El nueve por ciento de los chicos encuestados no desayuna
nunca; el dos por ciento sólo desayuna
hasta tres veces por mes; el tres por ciento desayuna una
vez por semana; el 10 por ciento de estos chicos toma desayuno
de dos a cuatro veces por semana; el 10 por ciento lo hace
cinco o seis veces por semana y sólo el 64 por ciento
desayuna todos los días pero, de éstos, un
25 por ciento no consume leche.
Los investigadores también ponen en alarma
roja el hecho de que el 16 por ciento de estos chicos
sólo come con la familia una vez por semana o menos
(el tres por ciento no lo hace nunca). El 11
por ciento come con los padres de dos a cuatro veces por
semana, el 17 por ciento comparte la mesa cinco a seis veces
semanales, y no más que el 54 por ciento come diariamente
con la familia.
La concurrencia al fast-food no resulta tan elevada entre
los chicos encuestados: el 26 por ciento no va nunca,
el 44 por ciento va una a tres veces por mes y el 21 por
ciento alarma amarilla, para los investigadores
va una vez por semana. Un nueve por ciento cae en la zona
de alarma roja, ya que va de dos a cuatro veces por semana
al fast-food.
El 98 por ciento de los chicos investigados consumen golosinas
y de ellas obtienen el ocho por ciento de las calorías
totales que consumen. El 83 por ciento consume galletitas
dulces, de las que reciben el cinco por ciento de sus calorías
diarias. El 99 por ciento toma bebidas azucaradas, de las
que obtienen el cinco por ciento de sus calorías
(en los varones, esta proporción llega al siete por
ciento). El 82 por ciento consume facturas y repostería,
que les dan el tres por ciento de sus calorías diarias.
Los snacks les proporcionan el 1,5 por ciento de sus calorías.
Britos explicó que en una dieta razonable,
las golosinas, galletitas, bebidas azucaradas, repostería
y snacks no deberían representar más del siete
u ocho por ciento de las calorías ingeridas, pero
en la muestra investigada esta proporción llega al
20 por ciento.
Todo esto se articula con el hecho de que los preadolescentes
encuestados pasaban un promedio de dos horas ante la tele,
y otras dos navegando en Internet u otras actividades con
la computadora; la actividad física duraba un promedio
de una hora, lo cual incluye que algunos hacían deporte
dos horas diarias pero muchos, no tenían ningún
tiempo de actividad física durante el día.
Como resultado, el 16 por ciento de estos jóvenes
estaban excedidos de peso, lo cual se desglosa en un 12
por ciento con sobrepeso y un cuatro por ciento de obesos.
De entre los obesos, el 78 por ciento eran varones y el
22 por ciento mujeres. De los que tenían sobrepeso,
los varones llegaban al 59 por ciento; 41 por ciento eran
mujeres. No se registraron casos de subalimentación.
Alejandro ODonnell, titular del Cesni, destacó
que el problema no se limita a los chicos que ya tienen
sobrepeso, sino que la tendencia a la obesidad se
adquiere a temprana edad, aunque pueda expresarse después.
Además, en los niveles socioeconómicos
más bajos se encuentra mayor tendencia al sobrepeso
y la obesidad; actualmente en la Argentina, el problema
principal no es la desnutrición, en el sentido de
insuficiente ingesta de comida, sino la calidad de la dieta,
advirtió ODonnell.
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