El "estirón" no evita la obesidad en los chicos con sobrepeso.
Afirman que es un mito la idea de que los kilos desaparecen
con el crecimiento.
(LA NACION)
Muchos padres y madres de chicos con sobrepeso esperan ansiosos
la llegada de la adolescencia con la secreta esperanza de
que el "estirón" queme como por arte de
magia el exceso de peso. Pero eso, revela un nuevo estudio,
es poco probable que suceda.
Por el contrario, asegura la investigadora británica
Jane Wardle, "los chicos que son obesos cuando comienzan
el secundario terminan la escuela siendo obesos".
Wardle llegó a esa conclusión tras evaluar
durante cinco años el crecimiento de 5863 chicos
que, al comienzo del estudio, tenían 11 años.
Esta investigadora del Colegio Universitario de Londres,
Inglaterra, pudo observar que el porcentaje de chicos con
sobrepeso que durante la adolescencia evoluciona hacia la
obesidad era equivalente al de aquellos que efectivamente
logran bajar de peso.
En otras palabras, si de diez chicos que ingresan en el
secundario tres tienen sobrepeso u obesidad, al finalizar
esa etapa seguirán siendo tres los chicos con exceso
de peso.
"El hallazgo de que la proporción de adolescentes
en un rango de peso saludable no se reduce con el tiempo
sugiere que el principal desarrollo del tejido graso está
completamente establecido a los 11 años -escribió
Wardle en su estudio, publicado en el último número
de la revista British Medical Journal-.
Por lo tanto, el período de riesgo para el desarrollo
de una obesidad persistente son los años previos
a la adolescencia."
En nuestro país, según recientes estudios
de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), el 20%
de los chicos y adolescentes de entre 10 y 19 años
tiene sobrepeso, y otro 5% padece obesidad.
Entre la dieta y la quietud
"Es muy común que los padres de chicos con
sobrepeso piensen que el estirón va a lograr que
sus hijos bajen de peso. Pero esto no sucede por sí
solo", confirma la doctora Mónica Katz, directora
del Posgrado en Nutrición de la Universidad Favaloro.
Además, varones y mujeres experimentan con la pubertad
una redistribución de su masa grasa bien diferente.
"Si ambos tienen al comienzo de la pubertad un porcentaje
de grasa corporal del 10%, al final de la adolescencia los
chicos terminan con un 7% y las chicas, con un 20%, como
resultado de la explosión hormonal que experimentan
a partir de la menarca", explicó la doctora
Katz.
En las chicas, ese aumento de la grasa corporal es necesario,
ya que en su ausencia no son posibles los procesos fisiológicos
relacionados con la menstruación. El problema, afirma
la experta en nutrición, es que en los primeros años
de la adolescencia las chicas tienden a volverse más
pasivas y dejan de hacer ejercicio. "Para peor, la
forma en que las escuelas encaran la actividad física
(el test de Cooper es un buen ejemplo de ello) sólo
hace que las chicas terminen odiándola."
Al mismo tiempo, ésos son los años en que,
como si fuera un rito iniciático de entrada en el
mundo femenino, las chicas realizan sus primeras dietas.
"Es natural que durante los años de la adolescencia
las chicas estén un poco más redondeadas,
y eso es algo que por empezar deben tolerar las madres,
en vez de fomentar conductas dietantes", sugiere Katz.
"Hay que buscar un punto medio -propone la experta
en nutrición-. Ni el sedentarismo ni la conducta
dietante, que sólo va a lograr más obesidad
como resultado del efecto rebote o va a sentar las raíces
de un trastorno alimentario."
No hay magia
De lo que se trata es de fomentar una mayor actividad física
y una alimentación saludable. "Los padres tienen
la responsabilidad de poner en la mesa una alimentación
variada y balanceada, y de darles a los adolescentes ciertas
pautas de socialización: que las comidas deben ser
cuatro y en ciertos horarios, por ejemplo", apunta
la doctora Katz.
Esto es válido también para los adolescentes
varones, sobre cuya alimentación los padres tienden
a hacer todo lo contrario que con sus hijas: "Confían
en que con el estirón se van a volver más
flacos, y no tienen problema en ofrecer una cantidad ilimitada
de comida -cuenta-. No hay que confiarse en la pérdida
de peso de la adolescencia, que sí suele ocurrir
en los varones, porque si "se comen todo" y no
hacen actividad física, los que tenían sobrepeso
van a seguir teniendo sobrepeso."
En todo caso, este período de aceleración
del crecimiento puede ser aprovechado estimulando la actividad
física y una alimentación saludable, para
lograr un descenso de peso razonable. Esto es, sin magia,
pero también sin expectativas desmedidas, como las
que proponen los modelos de belleza anoréxica tan
extendidos.
Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION
La preadolescencia, un momento clave
El estudio británico que siguió a casi seis
mil chicos a medida que se convertían en adultos
jóvenes muestra que los problemas de peso están
bien establecidos antes de la adolescencia. Aquellos que
tenían exceso de peso a los once años continuaban
teniéndolo. Los investigadores analizaron las mediciones
anuales de peso, altura, índice de masa corporal
y circunferencia de cintura de chicos de 11/12 años
y de 16/17 que concurrían a 36 escuelas del sur de
Londres con una amplia mezcla étnica y social.
LA
NACION | 08.05.2006 | Página 12 | Ciencia/Salud