Imágenes cerebrales muestran
que la comida puede ser una adicción
Se identificaron circuitos activados por los alimentos
y vinculados con el placer y el deseo
Para muchas personas con sobrepeso, intentar sacarse kilos
de encima es peor que el castigo de Sísifo. Según
la mitología, los dioses habían enviado a
este mentiroso y avaro al inframundo y lo habían
condenado a empujar una enorme piedra cuesta arriba por
una ladera empinada, pero antes de alcanzar la cima la piedra
siempre rodaba hacia abajo y tenía que empezar de
nuevo desde el principio.
Para el doctor Julio Montero, presidente de la Sociedad
Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota),
cuando una persona obesa se queja de que no puede luchar
contra la tentación de las golosinas y otros alimentos
procesados que titilan desde los escaparates... tiene razón:
"A la mayoría la fórmula de comer pequeñas
porciones de alimentos procesados no le funciona, porque
está en la peor situación, la del fumador
que consume cuatro paquetes y al que se le pide que sólo
fume cuatro cigarrillos por día -asegura-. Para bajar
de peso, hay que cambiar no la cantidad sino la calidad
de los alimentos."
Según la doctora Rosa Labanca, directora del Centro
de Asistencia, Docencia e Investigación de la misma
sociedad, estudios recientes con técnicas muy avanzadas
en la resolución de imágenes permitieron identificar
circuitos nerviosos relacionados con la regulación
de la alimentación y, entre ellos, dos que están
vinculados con el "deseo" y con el "gusto".
"El primero se relaciona con la intención de
comer y la búsqueda del alimento, y el segundo, con
el placer que proporcionan -dice Labanca-. Estos poderosos
mecanismos de incentivo, que incluso se manifiestan en el
nivel emocional y psicológico, están intermediados
por el sistema opioide estimulado por la liberación
de sustancias emparentadas con la morfina que nuestro cuerpo
produce o bien por las que provienen de los alimentos. Esto
llevó a algunos investigadores a postular que un
buen grupo de obesos lo es por responder como adictos frente
a algunos alimentos, pero que en todos, obesos o no, el
sistema funciona en una dirección proalimentaria."
Los alimentos artificiales, también llamados por
algunos "neoalimentos" -que son los que concentran
mayor cantidad de almidones, aceites y azúcares refinados-,
suelen ser los más tentadores, porque activan estos
circuitos cerebrales y dan bienestar.
Otro circuito parece estar vinculado con la corteza prefrontal
del cerebro, que interviene en el control de los impulsos.
"Una disminución de su actividad se asoció
con mayor peso y menor control ante alimentos tentadores",
explica Labanca.
Desde este punto de vista, según Montero, la nutrición
clásica cae en una contradicción cuando "pretende
tratar a los adictos facilitándoles la droga en cantidades
pequeñas", afirma. Por eso, para el elenco directivo
de la Saota, lo más importante cuando se trata de
bajar de peso no es contar calorías o detallar nutrientes,
sino optar por los alimentos no adictivos.
"El mecanismo es complejo y aún no se conocen
las vías exactas -dice Montero-. En el centro del
cerebro están los centros del placer, pero no sólo
del placer, sino también de la obtención de
placer. Es decir que uno no sólo aprende a comer
determinadas cosas, sino también cómo las
obtuvo. Así, se establece un circuito de comida,
placer y moverse hacia el placer que hace que las personas
identifiquen cuáles son los alimentos que activan
su sistema opioide. La corteza prefrontal es una región
crítica que interviene en el control de estos impulsos
y recibe señales neurobiológicas del intestino."
Y más adelante agrega: "Por eso, las corrientes
actuales más vigorosas proponen el modelo alimentario
prehistórico o dieta paleolítica como lo más
saludable. Se basa en comer alimentos «diluidos»
(carnes, vegetales y frutas), con un pequeño espacio
para el yogur como aporte de calcio para reemplazar a los
insectos y las larvas. Esta es la alimentación que
está acoplada con nuestros genes".
Según Montero, los tres consejos que da a sus pacientes
son: cambiar la calidad de lo que se come (por alimentos
naturales), no pasar hambre (comer cada vez que se necesite
y en el horario que se desee) y no comer sin hambre. Esto,
según el especialista, nos permitirá liberarnos
de la adicción de la comida.
Fuente: www.lanacion.com.ar
Nora Bär
LA NACION