El beneficio de los omega 3 en prevención cardiovascular
puede ser tan importante como el de los fármacos
que controlan el colesterol
Los ácidos grasos poliinsaturados del pescado azul
previenen episodios cardiovasculares, que son la principal
causa de mortalidad en todo el mundo. Su consumo se recomienda
en especial a los pacientes con cardiopatías, pero
también a la población en general. La carne
de pescado azul no sólo es rica en omega 3, sino
que tiene muchos más beneficios.
El consumo regular de ácidos poliinsaturados, sobre
todo omega 3, es adecuado para individuos con riesgo cardiovascular
y para la población en general. El pescado es un
alimento muy rico en este nutriente. Incluso un estudio
reciente ha descubierto que su valor "excede el propio
de un suplemento nutritivo para erigirse en base alimenticia".
Su beneficio, en cuanto a prevención cardiovascular,
se considera tan importante como el de las estatinas -los
fármacos que reducen los niveles de colesterol-.
El principal autor del estudio, Carl J. Lavie, del Ochsner
Medical Center (Nueva Orleans, EE.UU.), investigó
con personas sanas y con supervivientes de un infarto de
miocardio, pacientes con insuficiencia cardiaca, aterosclerosis
o fibrilación auricular. Los resultados del seguimiento,
que duró 30 años, se han publicado en la revista
"Journal of the American College of Cardiology".
Cultura de omega 3
El consumo de ácidos poliinsaturados no sólo
beneficia a individuos con riesgo cardiovascular, sino a
toda la población
Lavie lamenta que muchos médicos asuman que el aceite
de los pescados grasos, sobre todo los omega 3, beneficia
la salud, sin detenerse a averiguar por qué vías,
cómo y en qué medida. Censura que muchos facultativos
estén al corriente de los ensayos llevados a cabo
con estatinas, pero desconozcan las últimas publicaciones
relativas al omega 3. En la insuficiencia cardiaca y con
pacientes que han sufrido un infarto, éste ha demostrado
prevenir muertes y hospitalizaciones.
Se estima que estos grupos deberían tomar pescado
azul en las comidas, por lo menos, cuatro o cinco veces
a la semana. Los omega 3 más estudiados son el ácido
docosahexenoico (DHA) y el eicosapentenoico (EPA). Las ventajas
clínicas de estos ácidos grasos se han demostrado
en un total de cuatro ensayos llevados a cabo con 40.000
pacientes, con y sin enfermedad cardiovascular.
También en Europa y en Asia
Las pruebas clínicas destinadas a reivindicar los
beneficios cardiovasculares del pescado azul no se limitan
a EE.UU. El Diet and Reinfarction Trial (DART) y el Gruppo
Italiano per lo Studio della Sopravvivenza nell' Infarto
de Miocardico (GISSI)-Prevenzione, en Europa, además
del Japan EPA Lipid Intervention Study (JELIS), en Asia,
demuestran que un consumo regular de estos ácidos
grasos a partir del pescado azul previene episodios cardiovasculares
tanto de forma primaria como secundaria.
La disminución media del riesgo supera el 30%. Los
beneficios no se ciñen al infarto, sino que abarcan
la enfermedad aterosclerótica y una amplia gama de
arritmias. Sobre estas últimas, Lavie cita un ensayo
destinado a indagar el beneficio de los omega 3 en la prevención
de la fibrilación auricular, una arritmia propia
de personas sin aparentes factores de riesgo cardiovascular
(obesidad tabaquismo, hipertensión o diabetes) pero
que, debido a una práctica excesiva y continuada
de ejercicio físico intenso (ciclistas, alpinistas,
corredores de maratón, etc.), el corazón empieza
a acusar arritmias en la quinta o sexta década de
vida.
En su estudio, Lavie también reconoce que se especuló
con la posibilidad de que un omega 3 de origen vegetal,
el ácido alfalinolénico (ALA), ejerciera un
beneficio comparable a los ácidos grasos del pescado.
No obstante, la evidencia científica sitúa
el beneficio de este último "muy por debajo"
de los de origen animal.
PESCADO AZUL, LIBRO ROJO
Las excelencias que se atribuyen a los pescados azules,
y en particular al atún, chocan con un problema importante
de sostenibilidad y biodiversidad. Hay 12 especies de atunes,
que viven en todos los océanos del planeta, pero
la Unión Internacional para la Conservación
de la Naturaleza (UICN) ya ha dado carta de "especie
próxima a la extinción" a cinco (cuatro
de ellas en serio peligro): atún de aleta amarilla
o atún claro ("Thunnus albacares"), atún
del sur ("Thunnus maccoyii"), atún de ojos
grandes ("Thunnus obesus"), albacora ("Thunnus
alalunga") y atún rojo ("Thunnus thynnus").
Asociaciones ecologistas como Greenpeace corroboran que,
después de más de 3.000 años de pesca
artesanal, el atún rojo del Atlántico oriental
y del Mediterráneo está al borde de la extinción.
Subrayan que han bastado sólo 10 años de "desarrollo
descontrolado" por parte de la industria de pesca al
cerco para poner en peligro la supervivencia de la especie.
Estas asociaciones critican que las medidas que han tomado
la Unión Europea y los Estados miembros para proteger
al atún rojo son insuficientes y que se ignoran las
denuncias de pescadores artesanales, científicos,
comerciantes de lonjas de pescado, cadenas de distribución
y ONG como WWF. El atún rojo es el mayor de esta
especie. Se diferencia del resto en que su aleta pectoral
es más corta y el color de su carne, más oscuro.
Frecuenta aguas distintas, puesto que con la actividad muscular
es capaz de elevar la temperatura de su sangre por encima
de la del agua.
Puede llegar a medir tres metros y su peso oscila entre
130 y 600 kg. Su esperanza de vida en estado salvaje supera
los 20 años. Se alimenta de otros peces más
pequeños, como sardina, caballa y jurel. Sus depredadores
naturales en el mar son tiburones y orcas, aunque quien
pone en juego su supervivencia es ahora el ser humano.